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El remake de King Kong del año 1976 fue una de las mayores superproducciones de los años 70. El productor italiano Dino de Laurentiis empleó 24 millones de dólares para actualizar el clásico de 1933 con efectos especiales modernos y localizaciones contemporáneas como el World Trade Center de Nueva York. El director escogido fue el inglés John Guillermin, famoso en aquel momento por El Coloso en Llamas y por las aventuras africanas que había dirigido en la década anterior, mientras que la dirección de fotografía recayó en Richard H. Kline [ASC], famoso también por su asociación con Richard Fleischer y su nominación al Oscar por Camelot en 1967.
King Kong destaca fotográficamente por el riesgo que Kline tomó en las escenas nocturnas, como las que abren el film en Indonesia o los interiores del barco, en los que los niveles de iluminación son muy bajos y las imágenes tienen el mismo aspecto subexpuesto que los trabajos de Gordon Willis [ASC] por aquella época.
Incluso en los exteriores del barco camino de la isla Skull, Kline se atreve a fotografiar a los personajes a contraluz sin utilizar apenas luz de relleno sobre los mismos, por lo que no es extraño que la fotografía en localizaciones de Hawaii prácticamente utilice de manera exclusiva reflectores para rellenar las sombras y que de esta manera goce de un aspecto tremendamente natural. En dichas secuencias es en las que el film alcanza sus cotas más altas, gracias a la belleza del momento del desembarco –captado desde la lejanía con teleobjetivos- o a algunas composiciones de imagen y zooms que utilizan todo el ancho de la pantalla de Scope para mostrar la grandeza del entorno.
Las secuencias nocturnas con los nativos previas a la aparición de Kong están tremendamente bien resueltas, manteniendo siempre niveles bajos de iluminación y simulando que la luz proviene siempre de las antorchas en pantalla mediante luces de igual temperatura de color fuera de la misma.
Una vez que el simio gigante hace acto de presencia, la fotografía se subdivide en dos áreas. De un lado continúa el mismo estilo para las escenas que no requieren ningún tipo de trucaje visual, mientras que las escenas que muestran a Kong están resueltas mediante pantalla azul (cuando quiere integrarse a Jessica Lange con el rostro o el cuerpo entero del simio) o mediante rodaje en estudio con decorados hechos a la escala del disfraz utilizado para dar vida a Kong. Ello supone un reto tremendo, al tener que igualar la luz de decorados a escala real (Jessica Lange) con los decorados en miniatura (Kong) e integrarlos mediante las pantallas azules, del que Kline sale razonablemente airoso, pese a que en ocasiones se perciban cambios en la iluminación para adaptarse a las circunstancias y a las distintas escalas.
Pese a que muchos de los efectos funcionan bastante bien, algunos de ellos son problemáticos y demasiado evidentes debido a la pobre integración óptica del material. En cualquier caso, debieron de satisfacer lo suficiente a la Academia de Hollywood, que premió con un Oscar especial a sus creadores: Frank Van Der Veer [ASC] como supervisor de efectos fotográficos especiales, Glen Robinson por las miniaturas y efectos mecánicos, y Carlo Rambaldi por los brazos robotizados y diseños hidráulicos de Kong.
Irónicamente, Rick Baker diseñó el traje de Kong que aparece siempre en pantalla –excepto en la secuencia en que escapa en Nueva York- e interpretó el papel, pero la falsa publicidad de De Laurentiis clamando que Kong era un robot a escala real hizo que no fuera acreditado por su trabajo. Harold E. Wellman [ASC] realizó la fotografía de segunda unidad y debido al apretado calendario de rodaje, también aparece acreditado por los efectos fotográficos adicionales, ya que fue encargado de fotografiar la secuencia del ataque al tren en Manhattan.
La calidad y el riesgo del trabajo de Richard H. Kline –tan ligado a los efectos visuales- le proporcionaron una nominación al Oscar a la mejor fotografía. Panavision.
por Nacho Aguilar , © zonadvd , 2006